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Líneas aéreas, competencia y reajustes

Como reza la conocida expresión, las aerolíneas norteamericanas "vieron los cielos abiertos" en Cuba a partir del 2015. La competencia ha sido feroz desde el inicio y ya ha comenzado a cobrar sus primeras víctimas. ahora, la idea no es abandonar, sino reajustar.

El pasado 17 de mayo, en un lujoso salón del Hotel Palomar en el centro de la ciudad de Phoenix, estado norteamericano de Arizona, se celebró la junta anual de accionistas de Southwest Airlines, una de las compañías aéreas más importantes de Estados Unidos.

En la reunión se valoraron los resultados positivos que, desde hace ya algunos años, ha venido cosechando la empresa que dirige el magnate Gary Kelly, quien al abordar el tema de los nuevos destinos, dedicó sus primeras palabras a asegurar que Southwest seguirá apostando por mantener sus dos vuelos diarios a La Habana, mientras espera la respuesta del Departamento de Transporte de Estados Unidos (USDOT por sus siglas en inglés) a la solicitud de un tercer vuelo desde Miami a La Habana.

Pero Southwest no está sola en la puja por ampliar sus frecuencias. En la lucha también están JetBlue, Delta y American Airlines, todas con varios vuelos diarios entre más de una ciudad estadounidense y varios destinos cubanos.

Tan solo para volar a La Habana, las aerolíneas norteamericanas disponen de 21 capacidades diarias aprobadas por el USDOT. La salida de tres compañías del ruedo –Silver Airways, Spirit y Frontier– solo causó cierta alarma en algunos medios de prensa, que apuntaron a la falta de demanda y la sobrevaloración del mercado cubano como las causas principales de la retirada.

En el análisis puramente económico, lo cierto es que Spirit, Frontier y Silver Airways salieron derrotadas de la batalla por los cielos cubanos. Los pejes gordos, como American Airlines, JetBlue, Southwest, Delta y United, tenían claridad desde el inicio de cuáles eran sus verdaderas posibilidades en este juego y, una vez más, lo han dejado bien claro.

Las tres primeras están solicitando al USDOT que le entreguen las frecuencias que el trío saliente está dejando disponible. ¿Es eso falta de demanda o sencillamente la posibilidad de reacomodarse en un mercado que permaneció intocado durante más de 50 años?

JetBlue quiere ahora conectar Boston y La Habana, un reclamo que se hizo sentir desde el mismo momento en que el USDOT otorgó los vuelos. Recordemos que el Secretario de Transporte norteamericano primero otorgó a las aerolíneas las plazas para volar al resto de Cuba, y después concedió las frecuencias para llegar a la capital cubana.

El influyente diario The Boston Globe, por ejemplo, cuestionó en su momento en un editorial que el USDOT favoreciera a la ciudad de Charlotte, en Carolina del Norte, por encima de Boston, una urbe con un mercado mucho más grande y con una comunidad cubanoamericana mayor. Un reclamo similar hizo oportunamente Chicago, otro mercado importante.

No es menos cierto que el mercado cubano continúa presentando dificultades para el turismo norteamericano, dificultades devenidas fundamentalmente de la propia política de Washington, que sigue sin permitir un turismo irrestricto a la Isla y permanece como rehén de un nuevo presidente que prometió “revisar” la apertura hacia Cuba de su antecesor, pero que hasta la fecha no se ha pronunciado al respecto.

Sin embargo, la comunidad de negocios de Estados Unidos continúa apostando por Cuba. Ya todas las principales navieras estadounidenses están operando en la Isla y han anunciado más viajes de cruceros para la temporada 2017-2018. La última en hacerlo ha sido Holland America, que iniciará sus viajes a Cuba el 22 de diciembre del presente año.

Por otro lado, el éxito de SAHIC Cuba 2017, un evento realizado en el mes de mayo en La Habana, estribó en la amplia asistencia que hubo de cadenas hoteleras norteamericanas interesadas en invertir en Cuba.

Y es que en opinión de prestigiosos grupos de investigación y “tanques pensantes”, como la firma Boston Consulting Group (BCG), Cuba representa una oportunidad “enorme” para las compañías estadounidenses de cruceros, aerolíneas y hoteles. Se estima que el número de visitantes norteamericanos a la isla caribeña podría aumentar en hasta siete veces para el 2025, y que hasta dos millones de estadounidenses podrían visitar la Isla en el 2017.

"La realidad es que los viajes desde Estados Unidos a Cuba están en sus etapas iniciales, y todos los participantes todavía están aprendiendo cómo hacer que funcionen”, sentencia el informe de BCG.

En resumen, que en términos netamente económicos solo se está produciendo un necesario reajuste de la oferta en función de la demanda después que las aerolíneas detectaran que, con la excepción de La Habana, el resto de los destinos cubanos no ha resultado ser tan atractivo como pensaban.

Tomemos como ejemplo American Airlines. Según su portavoz, Laura Masvidal, la aerolínea ofreció hasta el mes de febrero de este año un total de 1 920 asientos diarios a Cuba, cifra que se redujo en casi un 25 %, a 1 472 capacidades en marzo. Pero la decisión de American Airlines fue reducir de dos frecuencias a un vuelo diario su servicio a Holguín, Santa Clara y Varadero. Los cuatro vuelos a La Habana, en cambio, permanecen intocables, y si el USDOT le da luz verde en las próximas semanas, serán cinco las llegadas diarias de la compañía a la capital cubana. Y en cuanto al Presidente Donald Trump, habrá que esperar qué interpretación hace su administración de la nueva dinámica cubana y de los efectos nocivos que traería, para muchas de las principales empresas, compañías y multinacionales norteamericanas vinculadas al turismo, el hecho de revertir buena parte de lo que se ha conseguido hasta el momento. Los reclamos de todas estas es a no dar marcha atrás.

Fuente: caribbean news digital